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Chile hacia la vanguardia de una nueva economía de impacto social y ambiental

14 Ene 2019

Empujaron su implementación líderes como Barack Obama, David Cameron, Bono (vocalista de U2) o CEO de los fondos de inversión más importantes del mundo. Este año se realizará en Chile la Cumbre Global de Inversión de Impacto Social más grande del mundo, donde se van a reunir líderes de los ámbitos financiero, social, filantrópico y político. 

«Esto es un win-win» dice Ricardo Lagos a Felipe Larraín. «Es un juego de suma positiva», agrega el ministro. El encuentro no es casual, junto al expresidente, un grupo de connotadas personalidades y de variado arcoíris político, visita al ministro de Hacienda para hacerle una propuesta distinta, para hablar de «inversiones» pero con apellido; «inversiones con impacto».

Son el directorio del Grupo de Inversiones de Impacto Chile, asociado al Global Impact Investment Steering Group -el mayor catalizador de inversiones sociales en el mundo-, entre otras entidades. Lo integran Lagos, el expresidente del Banco Central, Vittorio Corbo; el expresidente ejecutivo de Codelco, Oscar Landerretche y el actual embajador en el Reino Unido, David Gallagher, presididos por la abogada y presidenta del Grupo de Inversión de Impacto Chile, Angélica Zegers.

Se trata de una nueva tendencia transversal, como este mismo directorio, que vincula inversiones a soluciones de problemas sociales complejos, antiguos, «rebeldes», donde las armas económicas tradicionales fracasaron. «En Chile hay profundos problemas sociales y el Estado no los puede abarcar todos», dice Gallagher desde Londres, «también es valiosa la experiencia del sector privado. Si no se logra el impacto social deseado en estas inversiones, el privado pierde su dinero, lo que hace que sea muy diligente en asegurar que las metas se cumplan». No por nada, líderes mundiales como Obama, David Cameron, el cantante Bono y hasta el Papa Francisco han tomado esta «temática de sentido común, que genera consenso transversal más allá de colores políticos», explica la abogada.

«Hoy tenemos un nivel de ingreso per cápita de 24 a 25 mil dólares, una estabilidad macroeconómica financiera», detalla Corbo, pero «subsisten muchos problemas sociales y hay grupos que se van quedando de lado. Esto toma esa iniciativa de cooperar en la solución de esos problemas, no dárselo todo al Estado», suma Corbo.

Los primeros pasos de la iniciativa

El debut más público del grupo fue en septiembre en el último Chile Day, en Londres. Fue uno de los paneles más comentados del encuentro, donde participaron el embajador Gallagher; el director del mayor fondo de la Unión Europea, Uli Grabenwarter; el creador de los Contratos de Impacto Social, Toby Eccles y la propia Zegers. La abogada se vinculó al mundo social hace casi 10 años, desde su trabajo en el Ministerio de Desarrollo Social y hoy dirige la oficina de 7 personas que representa a la fundación de Sir Ronald Cohen en Chile.

Considerado como «el padre del capital de riesgo inglés» y de la «inversión social», Cohen estuvo detrás del surgimiento de empresas como AOL, Virgin radio y PPL Therapeutics, la compañía que clonó a la oveja Dolly. «Las inversiones de impacto social usan la fuerza de la innovación, el emprendimiento, el capital y el poder de los mercados para hacer el bien», es la definición que el millonario anglo-egipcio ha dado.

Una filosofía que encaja a la perfección con los millenials , quienes no quieren solo acumular bienes y riquezas o, al menos, no con el mismo interés que las generaciones que los precedieron. «Los valores y la ética de nuestra sociedad han empezado a cambiar de manera radical», dijo Cohen a la revista italiana II Venerdí. «Hay una tendencia global de lograr que ciertos atributos no tradicionales de un activo, puedan ser monetizados» concuerda Landerretche. Y cita el mercado de los preciosos brillantes que comenzó a ser escrutado tras la tragedia develada por la cinta «Diamantes de sangre». «La película muestra la crudeza humana que esconde la guerra africana por las apreciadas piedras. Explica que en Estados Unidos hay dos mercados; uno con diamantes de procedencia certificada y otro que no garantiza su origen. El precio es distinto, porque conlleva un atributo ético. Lo mismo pasa con las políticas sociales», ejemplifica el economista. «Transversalmente hay gente interesada en sostener la legitimidad de lo que hace el mercado de capitales, del sector privado y de que se aumente mucho la escala del esfuerzo social para solucionar nuestros problemas. Hoy eso es particularmente importante por el golpe que han sufrido en prestigio y legitimidad muchas instituciones, y que alcanza al sector privado, al mercado de capitales».

Cohen captó muy bien este cambio. Lo vivió en su propia historia; después de pasar por Oxford y Harvard, de trabajar en la famosa consultora McKinsey, terminó presidiendo el primer banco público inglés dedicado a las inversiones con impacto. Big Society Capital lanzó en 2010 los «social impact Bonds» -«contratos de impacto social» en Chile- y uno de sus proyectos más desafiantes fue la reinserción social de ex presos de la cárcel de Peterborough. Los inversionistas privados que estuvieron dispuestos a arriesgars recibieron su inversión, más un 3% de rentabilidad anual.

Esos bonos sociales tienen un potencial infinito; desde el medio ambiente hasta la empleabilidad de los «ninis» y la prevención de la deserción escolar especialmente femenina, pasando por muchos otros. Tienen solo dos factores imprescindibles: que el Estado paga solo por resultados, no por el desarrollo del programa, y que sean rentables para sus inversionistas.

Otra área en fuerte desarrollo es la salud, y donde el famoso Bill Gates acaba de sacar aplausos con sus «súper WC». El creador de Microsoft llevaba 10 años investigando cómo crear un WC que no necesitara redes de alcantarillado para ayudar a países empobrecidos y golpeados por enfermedades infecciosas. Hoy todavía cuesta US$ 1.000, pero esperan bajar vertiginosamente su precio a través de inversiones con impacto.

Es lo que pasó con los paneles fotovoltaicos, comentan Lagos y Larraín. Su abrupta caída de precio gracias al desarrollo chino, hizo posible la irrupción de las energías renovables en nuestra matriz energética. «Antes costaba varios miles de millones de dólares» agrega el expresidente, y anticipa que a futuro los estudios del genoma humano podrían tener un desarrollo similar.

La fibra óptica también está en la lista. Hoy parece financieramente inviable, afirma Angélica Zegers, pero con una mirada «de impacto», podrían sumarse la masificación de la salud online , bancarización, entre otros servicios sociales, que le fueran sumando rentabilidad. «Lo primero fue la filantropía para solucionar estos problemas, luego vino el Estado de Bienestar, uno y otro probaron limitaciones. A fines de los noventa surgió un pensamiento sumamente disruptivo, muy vanguardista y de sentido común, transversalmente político y que genera consensos políticos en los grandes temas», agrega.

«Me parece una transacción política bien hecha», la sigue Oscar Landerretche, donde las dos partes ganan: los que quieren que el sector privado invierta más en lo social y los que quieren relegitimar el rol del sector».

Larraín da «luz verde» a revisión y evaluará una «Big Society» chilena

El pasado viernes, los directores Lagos, Corbo, Landerretche y Zegers le propusieron al ministro Larraín que el Estado chileno evalúe crear su propio «Big Society Capital» con las acreencias que quedan en los bancos, esas platas que nadie reclama y que terminan en los bolsillos del fisco. Un fideicomiso administrado por un consejo independiente disponible para quienes apuesten por inversiones de impacto social. En el caso inglés, juntaron 400 millones de libras en acreencias y los 4 bancos más importantes de la ciudad londinense sumaron otros 200 millones en un fondo millonario.

También acordaron con el ministro que Hacienda revise todas las normas del mercado de capitales para facilitar las inversiones de impacto en Chile y elimine posibles trabas. «Se lo vamos a pedir con premura al Consejo consultivo del Mercado de Capitales y también al Comité de Mercados Financieros que trabajen en esto, porque viene a tonificar nuestra propuesta como centro financiero, que es ser centro de inversiones de impacto. Respecto a la creación de un fondo, hay que mirar bien la factibilidad, es algo que vamos a estudiar», les respondió, de inmediato, Larraín.

El grupo tuvo su primer acercamiento al mundo político, el año pasado. En plena campaña presidencial les propusieron a los candidatos diferentes medidas para sus programas de gobierno. Ahora van tras su implementación, recalca Zegers, y cita el programa «Huella» que Corfo acaba de lanzar para apoyar a emprendedores de impacto y logren conquistar inversionistas. «Es una de las líneas de trabajo que más nos importan, el investment readiness (disposición a las inversiones); trabajar con emprendedores», explica.

El fondo del billón de dólares

Hay un paso reciente y muy auspicioso. El fondo de un billón de dólares creado en 2018 para proyectos de inversión de impacto latinoamericanos, que coordina el argentino Alejandro Preusche, ex socio senior de McKinsey. Tiene tres focos prioritarios: concesiones, startups maduros y empresas de capital de riesgo como fueron inicialmente los autos Tesla y otras varias que crecen en el edificio Angelini del campus UC en San Joaquín. El economista Vittorio Corbo está analizando posibles inversionistas en el mercado chileno, Angélica evalúa otros mercados como Perú y Colombia, y Andreas Eggenberg, el presidente de Masisa, se ha enfocado a países centroamericanos. Lo lanzarán a fines de año, cuando Chile sea sede del encuentro global de inversión de impacto social que se hace en América Latina, por primera vez.

En ese y en los otros dos foros que Chile será anfitrión este año -APEC y COP25-, el grupo impulsará junto a Larraín las inversiones de impacto, aprovechando la visibilidad y las visitas ilustres que concurrirán a esos encuentros globales. Es muy posible que allí coincidan cuatro mujeres que han sido clave en temas de emprendimiento; la CEO de Bank of America, Merril Lynch, Ana Botín del grupo Santander; Christine Lagarde, del FMI, y Kristalina Georgieva, del Banco Mundial. Un cuarteto top y de escala mundial.

La sorprendente carta del CEO de Blackrock

Hace poco, recibieron un empujón adicional. Laurence Fink, el CEO de Blackrock, la empresa de gestión de activos más grande del mundo, remeció los mercados al pedirles a todos sus ejecutivos que revisaran sus carteras y eliminaran aquellas inversiones que no fueran de impacto. Además de beneficios económicos, les dijo, las empresas deben jugar un rol social o medioambiental medible y concreto rentable, no filantrópico.

«Esto no es filantropía», insiste Zegers. Y se afirma en datos duros de proyectos que en el mundo, han sido rentables y exitosos en su propósito social. Aspira a que en el futuro, si un inversionista tiene que invertir entre dos fondos mutuos, de igual tasa y riesgo, uno en casas en Chicureo y otro en un proyecto contra la deserción escolar, elija el segundo. «En México y Brasil ya se hace y hay muchas inversiones de impacto en microproductores, pero la escala chilena permite soñar con mucho más. De hecho, ya hay mujeres que pasaron de ganar $ 250.000 a $1 millón luego de capacitación digital y que el retail «hoy se las pelea».

Y es que así como África es campeona en recibir aportes filantrópicos, igual que algunos países de Asia, las condiciones institucionales y financieras de Chile para atraer estas inversiones son inmejorables, dice Vittorio Corbo. El lenguaje común con otros países latinoamericanos y la presencia de inversionistas institucionales de peso, favorecen también proyectos continentales. «Hay mucho dinero internacional en búsqueda de inversiones de impacto social y éstos buscan, en Latinoamérica, un país serio y estable que sea el ancla, el centro para sus inversiones en el continente», agrega David Gallagher. «Creo que es muy bueno que ese país sea Chile; por razones de prestigio y porque potencia nuestro mercado de capitales».

«Hay áreas en que difícilmente la gente puede restarse ante este tipo de planteamientos, te diría que últimamente cuesta mucho encontrar cosas en las cuales aparentemente hay consenso».
Ricardo Lagos, expresidente.

«Se lo vamos a pedir con premura al Consejo consultivo del Mercado de Capitales y también al Comité de Mercados Financieros que trabajen en esto (la revisión de las normas para facilitar las inversiones de impacto), porque viene a tonificar nuestra propuesta como centro financiero».
Felipe Larraín, ministro de Hacienda.

«Si hablamos de que la economía de impacto es la generación entre un valor económico por la solución de problemáticas sociales o medioambientales, ese valor económico solo se va a generar en la medida en que sepamos medir con una métrica».
Angélica Zegers, presidenta del Grupo de Inversión de Impacto Chile.

«Así como África es campeona en recibir aportes filantrópicos, igual que algunos países de Asia, las condiciones institucionales y financieras de Chile para atraer estas inversiones son inmejorables».
Vittorio Corbo, economista y expresidente del Banco Central.

«Hay mucho dinero internacional en búsqueda de inversiones de impacto social y estos buscan en Latinoamérica un país serio y estable que sea el ancla, el centro para sus inversiones en el continente».
David Gallagher, embajador de Chile en el Reino Unido.

«Las instituciones han sufrido un golpe en términos de prestigio y legitimidad y este es un instrumento que podría servir para ayudar a relegitimar».
Óscar Landerretche, expresidente de Codelco.

 

Fuente: EyN