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La industria del automóvil de México, en alerta con la llegada de Trump

11 ene 2017

Las amenazas de imposición de aranceles a las empresas estadounidenses que fabrican en México han empezado a tener efecto. Algunas de ellas anuncian la paralización de las inversiones previstas.

General Motors o Ford están poniendo en cuestión sus decisiones sobre donde producir sus nuevos modelos de automóviles. La firme decisión política manifestada por Trump, y que habrá que comprobar cuando comience de hecho a gobernar, parece estar haciendo mella en un sector clave de la economía industrial norteamericana como es el automovilístico. Si este sector cambia sus estrategias de inversión, el resto de los sectores se pensarán dos veces fabricar sus productos fuera de Estados Unidos, si posteriormente los van a exportar a dicho país.

El debate sobre si es más conveniente deslocalizar las industrias a países con mano de obra más barata y con peores condiciones laborales ha estado siempre presente en el mundo empresarial y en los ámbitos sindicales. En la actualidad, con un mundo mucho más globalizado e interdependiente, la vuelta a políticas proteccionistas frente a la apertura internacional de fronteras a la inversión y a la movilidad de la mano de obra, las repercusiones deben ser analizadas tanto en los estados  de origen de la inversión como en los países a los que se priva de la misma.

Recientemente la Universidad Wharton de Pennsilvaria, publicaba el artículo que a continuación se reproduce, donde se profundiza en las repercusiones que tendrá para la industria mexicana – que viene colaborando de forma activa con la industria automovilística estadounidense desde 1927 cuando Ford produjo su primer coche en México- la paralización de las inversiones previstas por las grandes empresas del motor con la sede central en su vecino del norte.

“El republicano Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales de Estados Unidos contra todo pronóstico. Ha llegado a la Casa Blanca con promesas de hacer todo lo posible para proteger la economía del país y obligar a que las empresas estadounidenses traigan de nuevo sus fábricas a territorio nacional. Entre las medidas que mencionó durante la campaña electoral para hacer eso posible estaban la ruptura de tratados internacionales de comercio como el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) o la imposición de altos aranceles para los productos importados. Un discurso altamente proteccionista que rompe con la tradicional postura a favor del libre comercio que había mantenido Estados Unidos durante las últimas décadas.

De cumplir Trump sus amenazas, uno de los sectores industriales que se vería más afectado sería el del automóvil. Y uno de los países que más perjudicado saldría sería México

Este país latinoamericano produjo más de 3,5 millones de vehículos en el año 2015, lo que le coloca como séptimo fabricante mundial. La mayor parte de esos carros producidos en suelo mexicano se dirigieron a su vecino del norte.

Según las últimas cifras oficiales publicadas de la balanza comercial de Estados Unidos, correspondientes al cierre del mes de octubre de este año, México ocupa el tercer lugar por procedencia de los automóviles importados, sólo superado por Alemania y Japón. Al mismo tiempo, es el principal exportador de camiones y autobuses y el que más autopartes vende a la industria automotriz estadounidense.

En los diez primeros meses del 2016, el 86,1% de las exportaciones de autos y camiones mexicanas se dirigieron a sus socios comerciales del TLCAN (NAFTA, por sus siglas en inglés), lo que en cifras absolutas corresponde a casi dos millones de vehículos, según datos de la Asociación Mexicana de La Industria Automotriz (AMIA). En estos momentos, el mercado estadounidense concentra el 77% de las exportaciones mexicanas de estos productos.

¿Arancel del 35%?

Todo indica que esa tendencia de dependencia de México respecto del mercado estadounidense se mantendrá e incluso ampliará en los próximos años, a no ser que se produzca un giro dramático de los acontecimientos con la llegada de Trump a la presidencia. De hecho, Ford informó hace unos meses de que trasladaría toda su producción de modelos pequeños de Michigan a suelo mexicano. Esta decisión fue duramente criticada por el recién elegido presidente. Quien llegó a amenazar con imponer unos aranceles del 35% a los automóviles producidos en el país latinoamericano. “Un arancel como ese se impondría a todo el sector automovilístico y eso podría tener un enorme impacto sobre la economía estadounidense”, declaró a la prensa Mark Fields, consejero delegado de Ford, después de un discurso en la conferencia AutoMobility en Los Ángeles. Ford está en favor del “comercio libre y justo”, añadió.

Brad McBride, profesor del Departamento Académico de Administración del Instituto Tecnológico Autónomo de México, cree que, de llevarse a cabo esta amenaza de Trump, el efecto en la industria automovilística mexicana sería significativo. “Con un arancel en la importación de autos o componentes, muchos productores trasladarían gran parte de su producción para la exportación al sureste de Estados Unidos: a las Carolinas, Alabama, Tennessee o Georgia. Esta región disfrutaría de una buena ventaja comparativa a costa de México si imponen barreras arancelarias”, vaticina.

Según Miguel León, profesor decano del área de Dirección de Operaciones de IPADE Business School, la implantación de un arancel especialmente alto por parte de la administración Trump “cancelaría la exportación de las compañías norteamericanas (GM, Ford, Chrysler) y, consecuentemente, provocaría un desabastecimiento de ciertos productos en el mercado americano”. Opina que, en caso de que este tipo de medidas se llevaran a cabo, los fabricantes estadounidenses tendrían dos opciones: absorber junto con los distribuidores el costo del nuevo arancel, o redirigir su producción a nivel global aprovechando los tratados comerciales que México ha venido firmando con diferentes países del mundo.

Jorge Arturo Yescas Hernández, académico del departamento de Ingeniería Industrial y Mecánica de la Universidad de las Américas Puebla, afirma que una cancelación o incremento en aranceles “puede motivar a empresas armadoras, cuya principal mercado es Estados Unidos, a restablecerse en ese país siempre y cuando el precio adicional de la mano de obra no rebase el impuesto que se paga actualmente”. En ambos casos, señala, “el consumidor final se verá afectado”.

Todos los grandes grupos automovilísticos mundiales están presentes en México. Audi ha sido la última gran marca en abrir allí una factoría (en Puebla), donde ensamblará su modelo todoterreno Q5 para todo el mundo. Y en un futuro próximo llegarán otras como Mercedes-Benz y BMW —planea una inversión de 2.200 millones de dólares en Luis de Potosí— que se unirán a otras que ya están presentes como Volkswagen, Renault, Nissan, Toyota, Mazda y Honda.

Pero las compañías que tienen un mayor peso en la industria automotriz mexicana son las estadounidenses. De hecho, el 54,6% de las exportaciones del país correspondieron a carros fabricados en las plantas de General Motors, Ford y Fiat Chrysler Automobiles

El hecho de que en los últimos años hayan llegado al país inversiones de más de 15.000 millones de dólares procedentes de este sector tiene una explicación. México mantiene tratados de libre comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá (NAFTA) y con países de América Central y Mercosur. A ello se une el relativamente bajo costo de la mano de obra, que compensa los gastos logísticos de trasladar los vehículos ensamblados a otros países. Pero con la llegada de Trump al Gobierno y la posible ruptura de acuerdos comerciales, la pregunta parece inevitable: ¿perdería México sus ventajas competitivas y, por lo tanto, las grandes marcas dejarían de invertir en el país?

León opina que “no parece posible que las grandes marcas paralicen sus inversiones”. Argumenta que, en el corto plazo (cinco años), sería imposible para los fabricantes sustituir la capacidad de producción mexicana con otra que mantenga su mismo nivel de calidad y a un coste similar. McBride es de la misma opinión, aunque cree que los fabricantes no se irían por otras razones: “Hay un mercado interno significativo y en crecimiento en México”. Sin embargo, sí ve posible que redujeran la producción en México sustituyéndola con aumentos en la producción en el sur de los Estados Unidos, “una zona competitiva, económica y sin mucha actividad de sindicatos”.

Yescas Hernández, no lo tiene claro. Cree que algunas marcas podrían pensárselo dos veces antes de invertir su dinero en el país. En el caso concreto de BMW, sostiene que “si se toma en cuenta que su propósito inicial consistía en abastecer el mercado latinoamericano, entonces, el efecto no será tan grande como para que paralice sus inversiones. Sin embargo, manifiesta que la situación de su competidora Mercedes-Benz podría ser bien distinta, puesto que su intención es instalarse en suelo mexicano para vender al mercado estadounidense. “En este caso, las inversiones seguramente se verían afectadas”, advierte.

Duro golpe para el país

A pesar de todo, los expertos creen que la economía mexicana se vería fuertemente dañada si el sector automotriz sale perjudicado con las decisiones políticas que lleguen desde Washington. Para León, el daño sería significativo ya que el 80% de las exportaciones automotrices tienen como destino Estados Unidos, siendo que la industria representa alrededor del 3% del PIB y el 18% del PIB manufacturero. A pesar de ello, cree que las posibles medidas proteccionistas tendrían un efecto boomerang y terminarían perjudicando también a los estadounidenses. “La industria mexicana basa su productividad y competitividad en su localización, en la juventud de su mano de obra y una gran tradición de ensamble de vehículos desde el año 1927 en que Ford produjo su primer automóvil en México. La capacidad de entregar vehículos de acuerdo a lo programado con coste y calidad de clase mundial, en muchos casos superiores a los del resto del mundo, la hacen muy competitiva. Es por ello que el dejar de comprarle a México sería mucho más costoso para Estados Unidos y el aprovisionamiento tendría que venir probablemente de China, que es el principal productor y consumidor de unidades con más de 22 millones de ventas al año”, mantiene.

McBride recuerda que el norte de México ha prosperado enormemente durante los 22 años de vigencia del NAFTA. “De hecho, ahora gran parte del norte del país tiene aspecto de una economía del primer mundo, especialmente el Estado de Nuevo León (Monterrey), debido a la economía manufacturera creada por el comercio con Estados Unidos

Hay una creciente clase media en México (otra vez, especialmente en el norte y el centro del país), pero probablemente todavía no sea lo suficiente para crear una demanda que sustituya las exportaciones al vecino del norte”, comenta.

Es por ello que cree que un golpe a la industria automotriz sería “terriblemente negativo” para México, “un impedimento grave a su crecimiento en el futuro”.  Sostiene que tal vez el daño se podría compensar parcialmente con futuras devaluaciones del peso mexicano, haciendo todo lo producido en México más barato en el exterior, “pero si los aranceles y otras barreras contrarrestan este efecto devaluatorio, tendremos problemas en este país”.

Yescas Hernández anticipa una importante desaceleración económica del país en caso de que las amenazas de Trump se hagan efectivas. Un efecto que, según recuerda, ya han previsto también organismos como la Secretaria de Economía, Asociación Mexicana de la Industria Automotriz y el Banco Nacional de Comercio Exterior.

Para hacer frente a este posible nuevo contexto comercial y contrarrestar sus efectos negativos, propone “iniciar inmediatamente la creación de marcas nacionales y promover su desarrollo mediante su incorporación a las necesidades de transporte gubernamentales”. Tiene claro que el país cuenta con la tecnología y el personal calificado para sacar adelante iniciativas de este tipo.”

 

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