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Olvídense del muro de Trump: en México lo importante es el TLCAN

29 sep 2016

NY Times en Español

En esta ciudad industrial cerca a la capital del país, los trabajadores se reúnen afuera de las puertas de una planta de Chrysler para el turno nocturno de ensamblaje de camionetas Journey de la marca Dodge. Es un trabajo codiciado, pues los trabajadores de la industria automovilística en México ganan un promedio de 5 dólares por hora, en comparación con el salario mínimo nacional de menos de 4 dólares por toda la jornada. Sin embargo, es una quinta parte de lo que ganan los trabajadores en Detroit, y eso ha ayudado a México a convertirse en un centro neurálgico en la producción automotriz a nivel mundial. Los productos terminados se pueden ver en el estacionamiento: miles de camionetas negras, blancas, plateadas y rojas, relucientes, que esperan ser embarcadas a todo el planeta, en especial a Estados Unidos, donde los estadounidenses pagaron 100.000 dólares por una Journey el año pasado.

Escenas como esta son el motor de la rabia populista y anticomercio que impulsa la campaña presidencial de Donald Trump. Su principal promesa es reescribir o descartar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, al que culpa por enviar innumerables empleos fuera del país.

Aunque Hillary Clinton echa por tierra la mayoría de las posturas de Trump, a esta si le ha hecho eco. “Con mucha frecuencia los tratados de comercio se han vendido a los estadounidenses como situaciones color de rosa que no han dado resultado”, dijo en un discurso cerca de Detroit. El presidente del sindicato United Auto Workers, Dennis Williams, dijo que Clinton le prometió que renegociaría el tratado.

Una de las preguntas más importantes derivadas de esta elección es cómo se traducirán estos ataques al comercio en políticas. Los ataques al TLCAN aumentan el nerviosismo de la industria mexicana en una nación que ha construido su economía con base en el tratado y un tercio de su ingreso depende del comercio con sus vecinos del norte. El año pasado, México exportó el equivalente a 316 mil millones de dólares en bienes y servicios a Estados Unidos, una porción considerable del producto interno bruto del país, de 1,1 billones. En medio de la elección, algunas compañías han retrasado las inversiones relacionadas, según informó un periódico financiero mexicano. Cuando Trump sube en las encuestas, el valor de la moneda mexicana se desploma.

Aunque los líderes mexicanos se burlan de la exigencia de Trump de pagar por el muro fronterizo, han tomado sus llamados a renegociar, o desechar, el TLCAN más seriamente, en especial teniendo en cuenta que su presidente ha hecho poco para hacerlo retroceder. En julio, el presidente Enrique Peña Nieto dio una conferencia de prensa con el presidente Obama en la que dijo que había espacio para “modernizar” y “actualizar” el tratado. El mes pasado, no puso ninguna objeción cuando Trump acudió a la sede presidencial de México y prometió reescribirlo.

Sin embargo, el TLCAN no es adorado universalmente en México y el discurso anticomercio de los candidatos presidenciales ha avivado las críticas al tratado, con algunos opositores que argumentan, entre otras cosas, que devasta la agricultura mexicana al inundar el país con maíz estadounidense barato. En agosto, decenas de miles de microagricultores se reunieron en Ciudad de México con demandas que incluyen la reescritura del TLCAN, una movida que el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, ha advertido que podría abrir una caja de Pandora. En efecto, las expectativas de un nuevo TLCAN han generado llamados a poner todo, desde la energía hasta la inmigración, en una nuevo borrador.

En julio, la encuestadora Buendía y Laredo preguntó a los mexicanos si les gustaría salirse del TLCAN. Un firme 52 por ciento dijo que estaba en contra del “Mexit” del bloque de comercio, pero resulta importante que un 33 por ciento manifestó estar a favor de la salida, a pesar de la cantidad de empleos que dependen de él. La encuesta demostró actitudes similares a las del Reino Unido y la Unión Europea; los que cuentan con menor educación son los que más se oponen al TLCAN, mientras que la mayoría de los estudiantes universitarios están a favor.

Las políticas del TLCAN son tan complejas al sur de la frontera como lo son en al norte de esta. Sus defensores lo ven como una piedra angular de la apertura de México al mundo; sus detractores, como una herramienta neoliberal de gringos imperialistas. Algunos le dan crédito o le echan la culpa por buena parte de lo que ha sucedido aquí durante las últimas dos décadas: Que México se convirtiera en una democracia multipartidista, que millones hagan la caminata hacia el norte, y hasta de los violentos carteles del narcotráfico que devastan las ciudades fronterizas.

Como la economía de Estados Unidos  es diez veces más grande que la de México, los efectos del TLCAN se sienten mucho más a este lado del río. Físicamente, han reformulado el paisaje de México, desde sus crecientes ciudades industriales a sus poblados de campesinos que poco a poco se quedan sin habitantes. El tratado impulsó enormemente el comercio entre los países, que pasó de 104 mil millones de dólares en 1994 a 583 mil millones de dólares, que incluyen de todo: desde bujías hasta aviones y árboles de Navidad. Gracias al TLCAN, México se ha convertido en el más grande productor de automóviles de América Latina, pues incluso superó a Brasil en 2014.

No obstante, a pesar de estas ganancias, la economía mexicana es lenta en comparación con la de países en desarrollo como la India y China. Ha crecido un promedio de 2,5 por ciento al año desde que se instauró TLCAN, un nivel similar al de la década que lo antecedió y por debajo del auge de la década de 1960.

Al examinar el TLCAN se revelan otros matices. A Trump le gusta señalar que México vende más de lo que compra de Estados Unidos: 58 mil millones de dólares al año. Sin embargo, muchas de las compañías que exportan desde México son estadounidenses, así que la mayor parte de las ganancias regresa al país del norte. Chrysler abrió su fábrica en Toluca en 1968 e invirtió mil millones más en 2006 cuando tuvo acceso a los compradores de automóviles estadounidenses. Aun cuando el maíz estadounidense sí fluye hacia el sur, México exportó más bienes agrícolas a Estados Unidos de los que importó el año pasado. Los pequeños agricultores pueden estar perdiendo lo mismo frente a los grandes ranchos mexicanos que ante los agronegocios estadounidenses, en especial aquellos agricultores que cosechan los millones de aguacates que los estadounidenses usan para su guacamole.

Estos matices ilustran lo interconectada que se ha vuelto la economía norteamericana y lo difícil que sería reescribir el TLCAN. Tal vez los políticos aprovecharán la oportunidad para incluir cláusulas laborales y ambientales, una demanda que desde hace mucho tiempo han hecho los críticos y que podría tener un impacto positivo. No obstante, una importante renegociación que dejaría satisfechos a los trabajadores de la industria automotriz, los pequeños agricultores y otros grupos agraviados en ambos países sería una tarea hercúlea, asumiendo que el próximo presidente estadounidense acepte esta tarea, sin importar lo que prometa en las elecciones.

Fuente: NY Times