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Panorama de la economía mexicana al cierre del primer trimestre de 2016

22 mar 2016

EL FINANCIERO. MEXICO.

Después de un muy turbulento inicio de año en los mercados financieros globales, ha llegado un periodo de calma. Si bien considero que esta calma no será duradera debido a una serie de eventos de riesgo como la falta de gobierno en España; la alta probabilidad de que Grecia vuelva a caer en una crisis de pago de deuda soberana; el riesgo que el Reino Unido se separe de la Unión Europea, y la elección presidencial de Estados Unidos (EU), entre otros, al menos no se aprecia la posibilidad de que la economía mundial entre en un periodo de recesión. Así, dedico esta columna a comentar qué anticipo para este año en términos de crecimiento económico, inflación y tipo de cambio en México, aprovechando la cercanía al cierre del primer trimestre del año, para ofrecer una actualización.

Crecimiento. Este año anticipo una tasa de crecimiento del PIB de 2.3 por ciento. 

Esta tasa sería ligeramente menor al 2.5 por ciento que creció la economía mexicana en 2015. No obstante lo anterior, considero que hay dos aspectos que resaltar: (1) Por un lado, es una tasa de crecimiento alta en comparación con las proyecciones de crecimiento para 2016 de otras economías emergentes como Brasil, con menos 3.7 por ciento; Argentina, con menos 0.8 por ciento; Sudáfrica, con 0.5 por ciento, así como Chile y Colombia, con 2.0 por ciento de crecimiento proyectado. (2) Por otro lado, la composición del crecimiento del PIB en México en 2016 probablemente continúe concentrada en la demanda interna y la exportación de manufactura relacionada con el consumo privado en EU, a pesar de los recortes al gasto público que el gobierno está instrumentando. Si bien anticipo que estos recortes resten cerca de 0.9 puntos porcentuales al PIB este año, considero que el apego del gobierno mexicano a la ortodoxia macroeconómica justo ha sido lo que ha provocado que hoy por hoy tengamos una tasa de crecimiento más estable que otros países emergentes. No obstante lo anterior, el riesgo de este pronóstico está sesgado a la baja, particularmente si la economía de Estados Unidos experimenta una desaceleración.

Inflación. El año pasado la inflación terminó en 2.1 por ciento, su nivel mínimo histórico. Lo más relevante es que esto sucedió a pesar de que el tipo de cambio se depreció 17 por ciento durante 2015 y más importante aún, que llevaba ya una depreciación acumulada de 35 por ciento desde mayo de 2014. En este sentido, cabe señalar dos asuntos al respecto: (1) México observa un mucho menor traspaso de tipo de cambio a la inflación. Esto se debe principalmente al apego de la estabilidad macroeconómica (e.g. régimen de tipo de cambio flexible, Banco Central autónomo, finanzas públicas sanas y sistema financiero bien regulado); y (2) la fuerte caída de los precios de las materias primas (commodities), así como la caída significativa de los precios de los servicios de telefonía móvil y fija y un menor incremento en el precio de las gasolinas (1.9 por ciento en 2015 vs. 9.7 por ciento en 2014), que también apoyaron a que la tasa de crecimiento de los precios al consumidor observara una disminución adicional. Para este año anticipo una inflación muy bien comportada, terminando el año en 2.8 por ciento. Si bien es muy probable que veamos un mayor traspaso de la depreciación cambiaria hacia la inflación, la disminución de 3.0 por ciento en el precio de las gasolinas, así como una disminución adicional de las tarifas telefónicas y de las tarifas eléctricas y la incorporación de nueve ciudades de menos de 15 mil habitantes en el Índice Nacional de Precios al Consumidor, podrían ayudar a compensar parte del traspaso.

Tipo de cambio. No cabe duda de que el tipo de cambio ha sido la variable más difícil de pronosticar en estos últimos 18 meses. Si bien los modelos de tipo de cambio real nos arrojan niveles de equilibrio de largo plazo de 15.80-16.20 pesos por dólar, considero que la coyuntura actual no va a permitir que el peso se ubique en ese intervalo, al menos en los próximos 18 meses. En este sentido, vale la pena resaltar las acciones que llevaron a cabo el Banco de México y la Secretaría de Hacienda el pasado 17 de febrero en donde, en mi opinión, se enviaron tres mensajes: (1) el Banco de México y la Secretaría de Hacienda están llevando a cabo acciones coordinadas, situación que no había sucedido en esta administración, al menos de manera tan explícita; (2) disminuyeron las preocupaciones de los participantes de los mercados sobre las finanzas públicas, particularmente la posibilidad de que no se alcance el presupuesto balanceado en 2017 como se había comprometido el gobierno, sobre todo debido a la caída significativa de los precios del petróleo y la alta probabilidad de que éstos permanezcan en niveles bajos por un largo periodo de tiempo; y (3) desarticularon el ataque especulativo dirigido al peso mexicano, que la falta de liquidez generalizada en los mercados y la facilidad de operación del peso permitieron. Esto lo llevaron a cabo con el alza inesperada de la tasa de referencia de 50 puntos base a 3.75 por ciento y la modificación en el esquema de intervención en el mercado cambiario de subastas preanunciadas, a total discrecionalidad. En este sentido, tomando en cuenta el nivel de equilibrio de largo plazo, los factores de riesgo que pueden materializarse en los próximos meses y las medidas recientes de las autoridades mexicanas, estimo que el tipo de cambio fluctúe entre 17.20 y 18.30 pesos por dólar y termine el año alrededor de 17.60.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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