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Chile: una economía abierta al mundo

23 Mar 2015

Chile ha hecho de su inserción económico-comercial al mundo uno de los pilares de su política de Estado en materia de relaciones internacionales.

Esto se ha visto reflejado en los 24 tratados de libre comercio suscritos, que involucran a 63 naciones que representan sobre el 85% del producto interno bruto mundial. El pasado año el 93% de los envíos totales, esto es 76.648 millones de dólares, se dirigieron a Estados con los que se tienen alianzas comerciales.

Chile y la Unión Europea (UE) mantienen un pacto más profundo, que va más allá de lo arancelario: de ahí su nombre de Acuerdo de Asociación Política, Económica y de Cooperación. En su rúbrica mucho tuvo que ver la adhesión de España a la Unión Europea; a raíz de esto América Latina alcanzó una mayor importancia entre sus miembros. En el caso chileno, el éxito de este acuerdo se ha visto reflejado en innumerables áreas; una de las más visibles es la de inversión: la UE se ha constituido en el principal inversor, destacando España, junto a Países Bajos, Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. En lo comercial el intercambio ha superado los 22.000 millones de dólares.

Tanto el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Heraldo Muñoz, como el viceministro de Comercio, Andrés Rebolledo, ambos de visita en España, confirmaron que entre los retos para este 2015 se encuentra la actualización del Acuerdo de Asociación con la UE, tras doce años de vigencia. Las conversaciones con Bruselas están entre las prioridades, sin duda será de gran beneficio para las empresas de ambos lados.

A lo anterior se sumaría el deseo chileno de perfeccionar su concierto con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés) y profundizar la relación comercial con India, China, Cuba, Rusia y los países de la Unión Económica Euroasiática (Rusia, Bielorrusia, Kazajistán y Armenia). En cuanto a nuevas negociaciones, se espera seguir avanzando con Indonesia, iniciar negociaciones con República Dominicana, única nación latinoamericana con la que aún no hay un convenio comercial, y explorar la posibilidad de conseguirlo con Filipinas.

Con África, la propuesta es materializar un plan de acción que permita aprovechar los contactos establecidos en visitas recientes de autoridades chilenas.

El posible cierre de negociaciones del Acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) está entre las preocupaciones inmediatas. En cuanto a la Alianza del Pacífico, que tanto interés despierta en Europa y otros lugares del globo, la participación chilena continuará siendo muy activa, con una agenda de trabajo muy práctica y dúctil para que esta siga avanzando y a su vez cree puntos de encuentro con otras estructuras de integración de la región.

Entre las preferencias de la acción exterior de Chile, se encuentra Latinoamérica. Quizás por proximidad deba ser así, aunque lo deseable sería decir Iberoamérica; es difícil concebir el desarrollo que toda la región latinoamericana ha experimentado sin la fuerte presencia de inversiones provenientes de España, Portugal y Andorra, de seguro si se incluyeran serían aliados relevantes en la creación de puentes entre todos.

Converger en la diversidad

Al decir de las autoridades chilenas, “Latinoamérica es más diversa que nunca”, pero esto no puede ser un obstáculo para continuar caminando juntos. Deben aprovecharse los vínculos que acercan a los países que la integran e ir construyendo nuevos espacios para desplegar nuevos proyectos que los acerquen hacia el desarrollo. Así, con Brasil, por ejemplo, a Chile le interesa progresar en el ámbito de las inversiones, si tenemos en cuenta que este mercado es el primer destino de los emprendimientos empresariales chilenos en el exterior (26,8% del total). Además, la actividad oficial chilena debe continuar enseñando una agenda con los países de Centroamérica y el Caribe, que incluya tanto el fomento de las inversiones, como el apoyo a iniciativas de cooperación.

“Converger en la diversidad”, esta es la aspiración: poner el foco en aquello que los une, ante necesidades compartidas tales como infraestructuras, energía, agua, desarrollo sostenible, etc., impulsar agendas comunes atendiendo lo más urgente que mitigue o destierre los focos de pobreza y abra sendas hacia una igualdad de oportunidades. Con excepción de Haití, todos los países latinoamericanos se consideran de “renta media”, en donde los problemas más acuciantes son la desigualdad, la inseguridad, la inequidad o la falta de acceso a mercados, urge prestarles atención más allá de las diferencias.

La integración de Chile a economías esparcidas por todos los continentes lo hace una plataforma atractiva al comercio y la inversión, empresarios nacionales y extranjeros ya la están aprovechando.

Disponible: http://www.eleconomistaamerica.cl/economia-eAm-chile/noticias/6575734/03/15/Chile-una-economia-abierta-al-mundo.html#Kku8We7vBKl5M3Xm