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La exposición mexicana frustrada por el Golpe que vuelve al Museo de Bellas Artes

09 Nov 2015

El 19 de noviembre se abre la muestra de los muralistas Orozco, Siqueiros y Rivera, que no pudo exhibirse en 1973. Mientras protegía los cuadros, el museógrafo mexicano Fernando Gamboa fue testigo de los últimos días de Allende. Un futuro documental recoge esa historia.

 

La experiencia le había enseñado al mexicano Fernando Gamboa (1919-1990) a estar atento a los acontecimientos políticos que le rodeaban. Sabía que aunque su profesión de curador lo confinaba la mayoría del tiempo a trabajar entre las cuatro paredes de un museo, el destino lo había puesto en ocasiones en la primera línea de fuego. Le sucedió a fines de los años 30, cuando tras llevar algunas muestras de grabado mexicano a Valencia y Madrid, terminó preparando la salida de los exiliados de la Guerra Civil Española: al igual que  Pablo Neruda lo hizo con el Winnipeg, Gamboa organizó cuatro barcos con asilados que zarparon, en 1939, desde Francia hacia el Puerto de Veracruz. O en 1948, tras montar en la capital colombiana una exposición con obras que resumían cuatro siglos de pintura mexicana, se desató el Bogotazo: una revuelta civil, gatillada por el asesinato del candidato a presidente Jorge Elicer Gaitán. Entonces Gamboa,  en un acto de heroísmo,  se envolvió en una bandera mexicana empapada de agua para entrar al Palacio de Comunicaciones en el centro de la ciudad que ardía en llamas y así salvar la colección.

Por eso cuando 30 años más tarde aterrizó en Chile, el 7 de septiembre de 1973, y sintió algo enrarecido en el ambiente, el curador no dudó en registrarlo todo en su grabadora de voz. “ (…)Mi caminata no fue más que del hotel al Museo. Al Palacio de la Moneda, a la Embajada, y al Hotel. O sea una parte reducida de la ciudad. Pero tenía un ambiente muy particular, como de algo que se avecinaba (…) Estos primeros días de primavera parecen más bien invernales. Me recuerda mucho a Barcelona, de los últimos tiempos de la guerra, en 1938”, recitó Gamboa, como previendo lo que pasaría.

El mexicano venía en comisión de servicio: el 15 de septiembre debía inaugurar en el Museo de Bellas Artes una exposición con 180 obras de caballete de los tres grandes muralistas  mexicanos, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. También una muestra de libros y artesanías en el hall del edificio de Parque Forestal. Todo se frustró por el Golpe de Estado del 11 de septiembre, que de paso dejó otra vez a Gamboa en un lugar clave en la historia.

La figura del museógrafo sale ahora a la luz: el 19 de noviembre se inaugura en el Bellas Artes La exposición pendiente 1973-2015, que reúne 76 piezas de la exposición original, complementadas con los recuerdos de Gamboa. Por primera vez se exhibirán las grabaciones de audio del curador, además de notas de prensa, anotaciones personales y documentos oficiales que contextualizan el momento político de la época y que son también la base fundamental del documental La colección en peligro, que prepara el realizador Bruno Salas (autor de Escape de gas), quien además documenta la estrecha relación política y artística que existía en esos años entre México y Chile.

“Las grabaciones de Gamboa son fascinantes, es un testigo muy lúcido, con opiniones muy certeras de lo que ocurre en el país. Se alojó en el Hotel Carrera y desde allí vio cómo bombardeaban La Moneda. También cuando Nemesio Antúnez (director del Bellas Artes) le pide ir al museo a descolgar las obras, coincide justo con el día en que militares dispararon con metralletas contra el edificio. Los cuadros se vuelven a salvar de milagro”, relata Salas, quien con su productora Trampa Films, trabaja apoyado por el Museo Carrillo Gil de Ciudad de México, dueño del material de Gamboa, así como de la totalildad de  las obras, consideradas Patrimonio de México, que por estos días están llegando al museo nacional, luego de aterrizar en Chile repartidas en varios aviones.

Los regalos mexicanos

La exposición pediente 1973-2015 estará compuesta por algunos óleos tempranos de Diego Rivera, de su época cubista , hechos en Italia bajo la influencia de Picasso y Cézanne. De Siqueiros habrá pinturas que van de los años 30 al 50 y dibujos preparatorios de murales, que ya dan cuenta de su experimentación con la tridimensionalidad y el espacio; mientras que de Orozco viene  una gran cantidad de litografías de los años 20 y 30, que ilustran su interés por los temas humanitarios y existenciales.

Se trata de una versión reducida de la exhibición original, gestionada en 1973 por nada menos que los presidentes de México y Chile, Luis Echeverría Alvarez y Salvador Allende.

“Había un interés estratégico de México por acercarse a Chile. Echeverría estuvo implicado en la matanza estudiantil de 1969 y necesitaba reivindicar su imagen. Más allá de eso, la relación entre ambos era de apoyo en las dificultades. Están unidos por terremotos políticos y naturales”, dice el realizador Bruno Salas.

Efectivamente, tras el terremoto de 1939 en Chillán, México donó a la ciudad la Escuela México, que fue además decorada por murales de Siqueiros (Muerte al invasor) y de otro mexicano, Xavier Guerrero (De México a Chile). Luego, en 1960, tras el terremoto que sacude a Concepción, México apoyó la construcción de una Casa del Arte, que termina convirtiéndose en la Pinacoteca de la Universidad de Concepción, donde se instala el mural Presencia de América Latina, del mexicano Jorge González Camarena.

Luego del terremoto político, que es el Golpe de Estado de 1973, México también cumple un rol fundamental, a través del embajador mexicano Gonzalo Martínez Corbalá, quien empieza a gestionar, junto al agregado cultural Pascual Martínez y al mismo Gamboa, la inminente salida de asilados políticos de Chile a México, y sobre todo de la familia de Allende, la que se embarca en el primer avión, el 15 de septiembre del 73. Pablo Neruda, otra prioridad para el gobierno mexicano, no alcanza a viajar debido al cáncer que lo aqueja y que lo tiene internado en la Clínica Santa María. Mientras, que las obras logran llegar a su país natal el 25 de septiembre.

La próxima exposición en el Bellas Artes recoge también esta historia. Paralela a las tres salas que albergarán las obras de los muralistas, se exhibirán en las rotondas entrevistas filmadas por Bruno Salas (que será parte también de su documental) a algunos de los pasajeros del primer avión en salir con exiliados, como la senadora Isabel Allende, el historiador Alejandro Witker o la secretaria de Allende,  Frida Modak.

Aunque quizás el documento más invaluable e inédito de la muestra serán los audios de Gamboa, donde relata minuto a minuto el bombardeo a La Moneda. “Un magnicidio frente al mundo entero, sin ocultarlo siquiera, registrado hasta con la televisión. Qué barbaridad. Quiero conservar vivo el espíritu de protesta. Enérgica protesta que me embarga”, relata el museógrafo ese mismo 11 de septiembre. De fondo se oye ruido de aviones y disparos. Y luego sobre el último discurso de Allende que escucha en vivo: “El Presidente Allende es un héroe. Un héroe muy grande. Un héroe que está llamado a ocupar un papel importantísimo, en la historia no sólo de Chile, sino del mundo”.